sábado, 17 de noviembre de 2018

EL DETENIDO MAJARETA

     Entre las múltiples tareas que nos han encomendado a los médicos de familia, está la de atender a los detenidos por parte de la Guardia Civil o la Policía en las horas en que permanecen retenidos, cosa que deberían hacer otras instancias y sólo en el caso de que en éstas no esté el personal adecuado tienen que pasar a ser atendidos en el Centro de Salud pero, ¡oh, misterio!, casi nunca está ese personal y nos toca a nosotros lidiar con pacientes esposados, escoltados, a veces con capucha en la cabeza y por supuesto a la mayor brevedad posible para que no cunda la alarma en la sala de espera.
 
       Hace unos días acude al Centro por la tarde un detenido joven con claros síntomas de ansiedad y al ser preguntado por el motivo de la consulta refiere que necesita una medicación para tranquilizarse (hablaba de una en particular) y la compañera que le atiende le comenta que solo hay diazepam 5 en nuestro botiquín y es lo único que se le podría dar. Ni corto ni perezoso comenzó a darse cabezazos contra la pared y gritando que se iba a suicidar de esa manera tan chunga. La frente como un pimiento morrón y de pronto se para y dice : _así no voy a conseguir nada, me tendré que dar los cabezazos con la nuca que es una zona con la que es más fácil suicidarse. ¡Ay madre! los policías le consiguieron parar y le sentaron en la silla pero el detenido era tenaz y subiendo las rodillas comenzó a darse mordiscos en los pantalones con la esperanza de que la tela le produjese una lesión letal en el aparato digestivo.
 
     Mi compañera con los ojos a cuadros comprendió que no eran intentos de suicidio sino una alteración de la personalidad como la copa de un pino.

    _Tenga el diazepan señor agente, cuando vayan a comisaría que se tome dos.

    ¿PERO PUEDE HABER ALGUIEN TAN CAZURRO?



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