domingo, 22 de enero de 2012

LA ÚLTIMA URGENCIA DE CONCHI

Conchi trabajó durante mucho tiempo para la Administración como secretaria, hasta que enfermó de cáncer y dejó de hacerlo. Si bien es verdad que tuvo muchas bajas laborales, mantuvo una relación bastante sana con su trabajo, nunca la oí quejarse de éste o de sus compañeros, lo cual me sorprendía mucho ya que una persona tan compleja como ella molesta en el trabajo más que una mosca cojonera.

Tras el diagnóstico de su enfermedad, se encerró en casa. Conchi vivía cerca del Centro de Salud en una casa de protección oficial con bastantes lustros encima. Su decoración era antigua: dormitorio con armario de tres cuerpos, cómoda con espejo, cama con cabecero de madera, todo con el típico barniz brillante de los muebles de los años cincuenta y papel pintado en la pared. Lo recuerdo todo en tonos marrones, el tresillo, el suelo, la colcha...Siempre pensé que aquella decoración no podía traer nada bueno, era como una gran cagada en la que sobrevivía, sola, mi paciente.

La intervención quirúrgica y la quimioterapia la desestabilizaron aún más precisando aumentar su medicación y en varias ocasiones ingresar en Psiquiatría.

Un día yo pasaba consulta y recibo la llamada telefónica urgente de su psiquiatra para preguntarme si sabía algo de Conchi, ya que cuatro días antes se había ido del hospital Psiquiátrico sin el alta correspondiente y no habían vuelto a saber nada de ella, le contesté que no sabía nada y que yo la creía ingresada.

LLamaron a la Policía, sería la última vez que acudirían a ese domicilio ya que tras descerrajar la puerta de entrada (la puerta más echada abajo de toda la ciudad ) buscaron por toda la casa hasta dar con Conchi que, envuelta en una manta, se había metido en el armario de su dormitorio y se había tomado un bote entero de tranquilizantes; así, en la paz de aquel mueble amigo, por fin descansó.

Sinceramente, sentí su muerte. La vida, la consulta y las urgencias ya no serían lo mismo sin Conchi.

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